sábado, 31 de diciembre de 2016 | By: Circleliteratus

...y es cuando se amanece de un tirón


...y es cuando se amanece de un tirón
con todo el andamiaje puesto: cara sobre caras, rastro de plomo
manos de acero verticales
pasos que anidan la servidumbres de las horas
como lo perfecto
el gran y absoluto esquivar el tiempo

No hay nombres,
ni huellas,
ni reflejos del perfecto día que vivimos.

Las referencias no son de nadie,
las victorias son accesorios inservibles
de una humanidad arrogante en el filo del abismo.

Quién te ha hablado?;
Quién te consuela?;
Quién arrulla en sus brazos la guillotina para la hondura de tu cuello?

(No importa el alba)

Me ahuyentaron detrás de las palabras...

Me ahuyentaron detrás de las palabras
como un gato
qué puedo decirle al miedo de hace un siglo
cuando me vi riendo y haciendo arcos de humo
espléndida bajo la ausencia
silbándole a los pájaros abiertos de par en par
Todo corría sin la premura de la muerte
o tal vez sí
y me escondí  en el susurro que ahora
me arrulla mientras me dibuja la sombra

Es difícil pensar...
ese ruido de la ciudad con sus mentes vacías
como piedras en medio de la calle... y son tantas!
Me creí perdida y orillada a un meandro
de misericordias
hice la paz sobándote las piedritas
y la madre que me distrae del abismo
y su odio...

Yo no tengo los favores del silencio
yo tengo su voz que me seduce como un
dulce...
viernes, 12 de junio de 2015 | By: Circleliteratus

La fuga...




La fuga
un centenar de caminos descorridos
Una ceguera inmersa en la multitud
Todo aquello que es recuerdo y bizarras palabras
y quiero tener, pero está vacío
no es ni bueno, ni malo
acaso un tiempo perdido es tiempo vivido también
solo con un lazo para traerlo y cien camisas de fuerzas
para mantenerlo
agua mansa con rizos de ondas entre sí
quiero comerle los labios desconocidos de lejanía
También es tiempo de morir
dejar libre la hazaña
y este calor evaporándose tras los barrotes del alma...
ya no hay dolor
la compasión ha venido conmigo esta noche
hemos danzado con la música de lo que no vendrá
nunca más
no hay dolor...
he unido mis manos
cuando a puras hebras he trenzado sola, mi día



María Antonia Segarra
domingo, 7 de junio de 2015 | By: Circleliteratus

A María Antonia Segarra


Sus dedos presionan la goma del tintero
que tiñe de azul aquella idea que hace poesía.
Sus dos diamantes hacen descender rocíos
de la melancolía que habita en su alma,
y sus labios cantan los versos que admira la muerte.
Mis ojos, muy escondidos te admiran
cada vez que sentada allí construyes tu mundo,
y con tanto amor quedo envuelta
en el dulce cantar de tu poesía.
Mi herencia en vano no es.
Me enseñaste a buscar la belleza de la humanidad
y pude encontrar en los montes, libres
colores que adornan mi alma.
Eres fiera que cubres con tu pecho abrigo
la fragilidad de mi inocencia
y si de algo padeciera yo, tu pasión de madre arrancaría
las entrañas a Dios con su clamor.
Mi carácter proviene del misterio de tu corazón,
del misterio de tu mirada y
de la tempestad de tu ser.
Con mi voz brava, asciendo escenarios, y con tu drama,
que es mío también.
Ella, María Antonia Segarra

Thaís González-Peña

domingo, 31 de mayo de 2015 | By: Circleliteratus

He vuelto desde la esquina...



He vuelto desde la esquina
bajo una lluvia copiosa caminando lento
asustada en las gotas
arruinada en el cabello
y el labio partido por la angustia
y cada mano incesante y aguzada suprimiendo
en las gotas un grito de esperanza
Es una noche anónima sin referencias
de cualquier manera el mes y el año solo marcan el tiempo
un futuro anónimo
ahora solo ha contado el recuerdo
de hace mucho en poco sin residuos
He aflojado mi alma
quebrantada en un lenguaje de culpa
y acaricié con cuidado tus ojos ciegos de mi
y de ti mi mar que nos anida...

Un sueño ignoto de sonrisas
siempre comienza con el adiós...



miércoles, 27 de mayo de 2015 | By: Circleliteratus

Ilusorios...


Ilusorios
viajamos en trapecios de nubes y triciclos de humo
ingenuos como la primavera
cautivos del lenguaje... paralíticos de palabras
gestos, sonrisas
pletóricos de ciudades enteras llenas de espinas que plantamos
pero gustosamente, sangrando.

Sufrimos en el placer de un sacrificio
y la ilusión siempre de ser recompensados
es lo que necesitamos apenas para seguir
un atisbo del viento tan solo
para fortalecer hasta la próxima caída.
Caer y caer y volver a caer sin importar el impacto de la caída
el polvo tragado en la garganta áspera y sedienta
y el agua que nos brota de los poros
nutridos de sufrimiento.

Son tus ojos turbios los que recaudan ese caudal arenoso del abismo
fragilmente perdidos con azotes de tiempo...
cómo quisiera que me entendieras
cómo es posible llegar sin haber caminado hasta ahí
rezar ese credo sórdido en una lengua ininteligible...
crearme como una estatua en la arenilla

Es tu lejanía el gran brazo que dispone mi fuerza
allí se esconde un animal trepidante
lleno de reliquias y escombros y muertos
de soledades ruidosas que señalan grandes cruces en las noches de dos lunas
yo me conozco en la sombra, como la otra
ausente
con el manto y el fantasma que me prometiste
me conozco por tus manos y pies
vertida como una cosa que se escurre y no vuelve
y sigue la música de su muerte
con el rastro de una lágrima que se secó.

Yo no te veo
no puedo adivinar tus ojos
o serán dos luces que me llaman?

(he sentido tu olor cuando en cuclillas me arrimo a tu ruedo...)



Maria Antonia Segarra

domingo, 30 de octubre de 2011 | By: Circleliteratus

Alejandra Pizarnik - La Ultima Inocencia...

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!



Alejandra Pizarnik - Exilio...

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


(para nosotros...) :)

miércoles, 26 de octubre de 2011 | By: Circleliteratus

M.A. Segarra - Nada...

Me hice una sombra de tierra y arena,
oscura y gris como un pantano.
No supe alucinar, romper el fuego y desatarme con ojos furiosos
fuera de abismos hondos,
porque me detuvieron antes de nacer como un símbolo de nada y
vine como una señal ignota a crepitar por el vacío.
Me adulteraron la muerte...
solo me dejaron los ojos arrugados
llenos de ramas secas que oscilaban en mi como un carnaval de liebres
sucias,
soy la madre triste de mi y la hermana a la que basurearon,
soy la última luna de un espacio perdido,
sin un pasado que sonreir...
me degollaron en una vagina estrecha
y pusieron un sello de palabras...

Fuera de mi... yo
dentro de mi... nada

M.A. Segarra

Osvaldo Lanborghini - El Niño Proletario

domingo, 23 de octubre de 2011 | By: Circleliteratus

Luisa Castro - Mordiendo por las calles a los hombres que se aman...


Algunas palabras para perder la vía,
algunas palabras, que no falten palabras,
quiero saber
el lugar
que
ocupa
mi
odio, quiero saber dónde se puede encontrar
una tienda del mejor
de los vinos
del vaso de la palabra.

Atentos al dolor, sí, sí,
atentos al dolor como en los huesos poderosos de mis
piernas,
atentos al regreso de los hombros
o la tierra hacia las ascuas.

Quiero saber cómo se cae a las llamas,
cómo se cae a la hoguera alta
y doble del
dolor mejor de todo dolor. Yo soy
un ángel falto de recursos, no me mires, voy
hecho lentamente
con el corazón pobre de pobreza de ángel,
con la indigencia en el centro
atento
como un noble mensajero del error
al dolor
de los mamíferos.

Cómo se me vierte el fuego en la raíz
de la lengua y la carne
empieza a oler a campana que no cesa. Es terrible,
es terrible
no conocer el mundo de las aves inferiores,
sus migraciones, vuelos,
averías, de las cornejas tan útiles, de las
golondrinas ignorantes y ciegas,
de las gaviotas tristes como
otoños.

Mirad, mirad, es tan terrible esto,
yo creo adivinar la sangre de
los míos, es larga, aguda, cruel, se necesitan
trajes
para verlo. Como mi sangre
que va
mordiendo viñas, que va
mordiendo
cuerpos, que va con dientes y con sangre
mordiendo por las calles a los hombres que se aman
saliendo de los cines.

Yo vivo en una ciudad pétrea y
a veces
somos pasos.

Se pueden ver arrastrando a nadie,
se pueden ver
lustrosas cabelleras,
tres o cuatro pasos solos,
duros,
precisamente amargos golpeando
la tarde y las cenizas
brillantes
como lluvia.

Y las mujeres que cuento en mi cabeza, que recuento,
que olvido,
sus vestidos azules que tendré que colgar, sus
dolorosas manos, vírgenes verdaderas.
Las mujeres que mi madre me abrió para que no empezase
todos los versos con su nombre. Para que no empezase
todos los versos con su vidrio de nombre.
Todas las mujeres que
recuerdo
buscando un duro cuenco donde albergar el vientre.
Todas las mujeres que mi madre me abrió.

Pero perdón, el mundo.

Pero perdón, la noche de los gendarmes
que me araña el pezón
Y me pide consuelo.

Todo eso, perdón, yo soy
un ángel.
Mi odio es infinito.
Mi odio espera el odio con olor a mantel
y derramado vinagre, ese odio
que se mea en el tacón de las bibliotecarias
hasta que nacen lirios
y la tierra empantana los taxis vigilando
una escuela.
Sí que conozco esa lluvia de dolor,
sí que conozco esa muñeca herida por el odio.

Y a veces las alas comienzan
a pesarme
y sobrevuelo el polvo
porque más allá de la muerte, más allá de la muerte
mi odio seguirá repoblando los bosques.

Puedo pensar que no, y entonces
hay un árbol.
Como un número blanco, como una ola de algas
tu cuerpo
largo y libre, algo lejano y mío, mío
hasta el desastre.
Un árbol con su techo delante de mi alma.

Será merced a mi alma que se va
con el primer ingrato de septiembre
o la milicia
que no espera
por una vez, por una sola vez,
para meterme en tu lengua ávida y rota
y perdonar al circo tanto asunto de valor,
tanto temblor,
tanta ruina con leones despeinados.

Mi amor, si digo esto mis ojos
crecen y
sonrío
pero, mi amor, si digo esto tu boca se parece a una tribu
roja que golpea cristales
y es el olor de las amigas que amé
tanto
detrás de un cementerio.
Mi amor, mi amor, y como este cuerpo que toco
alguna vez
una alegría sin centro me despierta en la noche
que no termina aún, que no acaba
y todo se ve azul
hasta morir
y yo habría de tener hierro en las manos
y quedarme. Tener
los pies, los días, las orejas,
los pechos y las alas
con hierro
y quedarme.

Esta es una canción desaparecida
para cantar con los brazos extendidos y los ojos
cerrados
y las rodillas
en el fango tormentoso de la culpa
mientras cae una lluvia de arcos y volutas milenarias.

Es más dulce mi cuerpo;
aquí está con medallas y
caderas, con el verbo del tabaco y la hojarasca.
Es más dulce
así
con huellas diminutas de dientes de ave viva
en mi sexo como una ropa
antigua que devora
la sal, en los pechos enanos como pruebas, retenidos
y aún distantes, enemigos para siempre,
y en la cintura que ardió
con muertos, barricadas, botellas,
armaduras
y un almanaque inútil con la fecha del ocho
y los niños del valle, los perros y las cañas.

Ven, amor, a degollar conejos encima de mis
nalgas.
cuánto tiempo he de esperar, cuánto tiempo
he de esperar.

Además
el silencio de la tierra que
no dice
palabras, que no dice
estertor,
que no dice
colegio ni cita mayo alguno.

Cuánto tiempo he de esperar.

Luisa Castro - Reflexiones Hipnagógicas

I
Imposibilidad del amor turco,
del amor que se arrecia en una estampa de niña desnutrida,
en un candente gesto de impotencia acribillada,
en la necedad y en lo vacío de unas muertes gratuitas
con su odio de vejeces aceleradas bajo la tristeza más simple
que se nos iba perdiendo -otro abandono más para nuestras vidas
sin lirismo.
Porque es lo inaudito
amarse en las basuras de una noche de viento
confundiéndonos del delirio infantil
y perverso de los gatos, contagiando
nuestros cabellos de la perfección y
la morosidad de la piel de las patatas,
embelleciéndonos los trajes con el contacto de la sangre
púber
que derrocha este desorden nocturno de finales de guerra
y destrozos humanos.
Punto. El viento.


II
Para encontrar pronto la Henoc robustecida de tu estrofa
donde también tenga cabida el amor en toda su vastedad
de azules.
Temprano es una palabra no muy bella que exige mujeres
repentinas y constelaciones espontáneas.
Quizá no sea preciso hablar de una truncada estrella
en las alcobas cuando algún crimen corrobora
la lentitud y la paciencia de unas medias desmayadas sobre
el suelo.
Y luego el acento agudo de tu risa tónica
clavándoseme en unas sangres que destila mi tristeza
atareada con las cosas más urgentes
desbaratándome un verso con su imprudencia de pájaro
cosiéndome los labios a pares suicidas
mutilándolos para lo más dulce,
negándoles tus arañas.

III
Sobre ti, sobre todo. Sobre lo que es locura
sobre todo en las mañanas necesarias del deseo,
en los tilos de un amor que se recupera de la desmesura
con un desayuno tardío
y el final de una historia mal mecanografiada de niños de ayer
que aún no sé, no sabes, si se han muerto, si van a
comprar la libertad de su poema
o si tienen que vivir
para una madre enferma de naufragios;
la historia siempre interrumpida por la inminencia
del dolor o del placer oscuro de los cuerpos,
la historia siempre interrumpida,
la historia siempre, siempre. Al final
siempre aquella cosa del término y el cierre,
la clausura,
el final.

IV
Pero ahora vamos cayéndonos en este desagravio de las fuerzas
y una ordenación de paralelas fijas
entreteje nuestros tiempos
señalados, abocados a la causa de las calles más anónimas
y mares y atmósferas tumultuosas y suburbios de palabras,
arrabales de gestos imprecisos, atajos peligrosos de llegar
antes de las diez para atrapar las primeras uvas
que desgaja el día.
Es la guerra, ya.
Atiende, esta es la hora
propicia
para decir cosas como levántate, te amo, es tarde,
mi amor, qué tomas, sólo queda café y leche,
y cómo
nos queremos, decir no quieres más, estás cansado,
mi amor, mi amor, atiende,
son ya las diez
(cómo te maldigo),
la guerra ahí afuera,
y tú, etcétera, márchate.


V
Habremos de volver, en todo caso, a la espesura,
a la concatenación de los días,
purgándonos el alma con dos soles de amianto,
haciéndonos las uñas con una suavidad de oficio
sin quebrantar las reglas de la moral que presiden los retratos
blanquinegros de las casas.

Volveremos siempre,
aunque sea cierto que nunca se retorna,
aunque Nietzsche tenga o no la razón,
y nosotros
(indefensas criaturas de la fonética más ardua)
no sepamos escribirles el nombre a los filósofos, no sepamos
consumir
el goteo milenario y lentísimo de las estalagmitas,
aunque afuera, en el río callejero de los claxons
nos aturda un viento claro de poniente,
una confusión
de abreviaturas y escaparates.

VI
Pero ¿es necesario que te ausentes para el hambre?
No, dime que no como se dicen las canciones, t
dí no como una canción apenas retenida,
duda no para que la canción sea más lírica y
romance.
No vamos a volver al filo estrecho de los meses,
no vamos a ser la estatua de sal,
la mujer de Lot,
la destrucción de un renunciar,
de un abdicar,
de una puerta maltratada.

Y el abandono delante de las ventanas encendidas,
el abandono de un hombre-sombra borrado de la historia,
un hombre que apenas es objeto oscuro, macizo,
recortado, opaco, impenetrable
tras la luz que desbarata y obstruye
los sentidos,
la luz mortificante de ver cosas,
la luz que destruye y minimiza
el horror
de ser un ave bajo tierra.

VII
Es mejor, mi amor, el cuarto oscuro de los juegos
malogrados de la infancia.
dejemos los mediodías abiertos para los últimos
pobladores de la noche,
apenas Se te ve ya entre tanto rayo creador
y tanta renuncia de larvas.

Renunciar es esto.

Un temblor de temores bajando las escaleras,
cayendo hacia los portales barridos
y solitarios,
un agolpamiento de polvo, de tierra fértil y de
frutos dibujados en el movimiento súbito
de tu paso meteórico y fugaz
como Una ausencia de niños pálidos.

Tanto hueco.

Ausentarse es esto.

Así,
es mejor, mi amor, el cuarto oscuro de los juegos
aunque tu recorrido dure lo que duran las abejas.

VIII
Cómo he de decirte que vengo de beber de tus sequías,
cómo voy a contarte mi febril búsqueda de rastros
en tu cuerpo abandonado.
Otra cosa es la lluvia y los morteros patriarcales,
las herencias seculares de comerse una manzana,
las costumbres y atavismos de monedas insectívoras,
tu rostro adaptado a la geografía universal del hombre ameba.

Pero llego y se te borran los ojos,
las crines
de semental confuso se te vuelan
y ya no quedan en la superficie de tu cuerpo
estigmas de raza, edad, sexo o condena a muerte
y sólo eres ya una cosa rosa mate de pesada traslación
e ingente abrazo.
Eres únicamente una carne ciega y útil,
una carne abierta que maneja mis palabras,
carne viva, animal puro, sin timbre humano,
aproximándose al ser-latido, al primer peldaño de tu
génesis
violácea,
recordando el primer árbol, la primera gota,
el primer silencio.
Y entonces es cuando te amo, ciertamente.
No hay un amor suicida para cada minuto de cada catástrofe,
otra cosa es el olor que dejas en los pasillos
cuando es necesario que te vayas a la guerra,
mi amor,
a la guerra callejera del inmueble y la agonía.
Ah, el amor de nunca
retenido en los estantes suntuosos de la tradición amable,
pisado de polvo, arañado, entristecido,
apenas soleado, a una esquina de la muerte,
alguna vez te diré que no me angustia
este amor tártaro,
que solamente preciso de tu cálida carne siberiana.

sábado, 22 de octubre de 2011 | By: Circleliteratus

Leopoldo Castilla - Nunca

A Daniel Moyano


Es la misma mosca
bramando
en el mismo verano,
la misma vela temiendo por las habitaciones
y en su horca
el trueno;
el mismo niño ese hombre con el agua al pecho
bajo los cielos asustados.

No hay quietud
la sombra de ese árbol
esta copa de vino
un relincho
esparcen toda eternidad

Tu y yo,
cada crepitación de la vida
y el astro seco
como una máscara
en el vacío
somos infinitos
infinito
cada sollozo
cada paso que das y el que no has dado
y una pluma que cae
y detiene la tierra
y el último estertor
que añade un laberinto.

El hombre
cría un animal, un caballo, un toro,
como quien alimenta a un dios antiguo
hasta que uno de los dos se lleva en los ojos
la extinción del otro
y es lo simultáneo
de la vida y la muerte
lo que tienen de inolvidables.

Cada vez que recuerda
es de nuevo poblaciones
un hombre solo
procreando derrumbes.
Dentro de esos lentos vendavales
resiste
su criatura
emblemática y ácida
como una joya carnívora.

Nada lo contiene
es la misma marea en su antiguo abismo,
la misma inmensidad que expulsan
un hombre ciego
y una mariposa quieta,
la misma lengua
de la piedra haciendo piedra,
del pájaro
llamando al agua,
del trapo que se acobarda
en el cerebro de un loco.

No hay fugacidades
así como el mar día a día
llega, brillante, a su propio funeral
así
no cabes en tu tiempo
tu segundo está lleno de enormes batallas.

En el instante
no hay pérdida ni huida,
de esa breve eternidad
tenemos
la física de la leyenda.

No es el hombre un enigma
es que no hay nadie en él.
Su único don es mundo.

Hay, sin embargo, un sitio que no pertenece al universo
una grieta
que se fuga del mundo
y no retorna nunca :
y es cuando el hombre sabe que se muere.

Le queda grande la luz,
como colgajos
los días que le faltan,
que reptan dificultosamente
entre los amedrentados muebles del salón
y es inútil acudir en su auxilio
porque él, mudo, frente a una ventana
le ha dado
su palabra
a la muerte.

Ya no oye
los nombres de su vida lo han abandonado
son como piedras
ahogadas
en los arenales
de su alrededor.

Mientras el salón se desordena
en una meticulosa desesperación
todo lo que lo rodea intenta un arco
que desciende y no cae
un hueco que sobresalga
una señal que lo ocupe
antes que no le quede nadie
pero él no tiene dónde
es la frontera.

Asilado en su nombre
absoluto en el sillón
discontinuo
fuera de la naturaleza

uno lo llama y gira la cabeza y nos mira
mientras el pasado lo deshora
y torna, último, a la insolación,
a fijar sus ojos
antes de que la ventana se desclave

mientras el mundo se va de su cerebro
como una luna lenta.

El muerto
difunde su instante profundo
desde lejos mueve una hoja, vuelca un vaso,
abre una puerta sin viento
para despedirse,
asola
con desahuciada luz
las poblaciones de sus cinco sentidos
y le devuelve
a la amada una tarde,
la sangre al hijo,
el hueco a la madre,
restituye su nombre al enemigo

toca, todo su deseo toca los desalmados
cabellos
de su mujer dormida,
entonces los objetos
sollozan estériles futuros
y la casa de llena de asfixia y tempestad,
de premoniciones.

De pronto
todo cesa.
Y es él, cayendo en otra latitud,
esa gota desorientada en el borde de la mesa,
es él
insepulto
en esa mariposa
diciendo adiós
a su propia forma.

Lo sentirás ensordecer
con su ala de harapo
la levedad del mundo
vagar como un pez
perdido en la luz del espejo
desahogando
su insondables ropas
de finado

sabrás que estuvo
porque el día que adviene
no tendrá presente.

¿Cuál será, ahora, su comarca ?
¿La desazón de la luz,
la luna enferma dentro de las habitaciones,
un basural, sin recordar,
huyendo ?

Vengo llovido
por sus aguas seniles y brillantes
han ahorcado
con sus inversos
sietemesinos
aires
las hojas del árbol de mi casa
me han soltado
vacas en pena
como muebles amarillos
en el corazón.

Huero y sagrado
soy el cubil
la boca de salida de mis muertos.
viernes, 21 de octubre de 2011 | By: Circleliteratus

M.A. Segarra - Caído...

Acaso habrá letras para ti,
y la metamorfosis que el tiempo asciende,
con las hebras en la mano que se quedaron
después de la huida, en las uñas.
No son letras de amor, ni odio,
de consuelo ni tropezadas en el cadalso de alguna
aurora que haya quedado sola cuidando brisas,
son las letras del recuerdo trepidante en el agua,
la coronación rota de un reinado caído...
Qué empeño de asesinarte antes de nacerte
y seguir muriendo
y desandando como un indigno en la hoguera...
Letras para ti sin aniversarios, ni fundamentos, sin valor,
acaso las tuyas guardarán las miserias y mentiras
de tu boca y la boca ajena...
Has encarnado todo aquello que has odiado
se ha convertido en piltrafa podrida tu propia lengua.

Nadie te pelea el trono.
Es tuyo... corre a poseerlo!

M.A. Segarra




Pablo de Rokha - Biografía... 17 Poemas



(...)

Julio Cortázar - La Patria



Esta tierra sobre los ojos,

este paño pegajoso negro de estrellas impasibles,

esta noche continua, esta distancia.

Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,

pobre sombra de país, lleno de vientos,

de monumentos y espamentos,

de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,

escupido curdela. inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,

repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando

de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,

dónde el que come los asados y te tira los huesos.

Malandras, cajetillas, señores y cafishos,

diputados, tilingas de. apellido compuesto,

gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,

centrofordwards, livianos, Fangio solo, tenientes

primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos

bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,

secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,

contraflor al resto.Y qué carajo,

si la casita era su sueño, si lo mataron en pelea,

si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva. -

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero,. país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,

te quiero, tacho de basura. que se llevan sobre una. cureña

envuelto. en la bandera que nos legó Belgrano,

mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate

con su verde consuelo, lotería del pobre,

y en cada.piso hay alguien que nació haciendo discursos

para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.

Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,

pobres blancos que viven un carnaval de negros,

qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,

en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,

en los ranchos que paran la mugre de la pampa,

en las casas blanqueadas del silencio del norte,

en las chapas de zinc donde el frío se frota,

en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,

vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,

tercera posición, enegía nuclear, justicialismo, vacas,

tango, coraje, puños, viveza y elegancia.

Tan triste en lo más hondo de1 grito, tan golpeado

en lo mejor de la garufa, tan.garifo a la hora de la autopsia.

Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo

saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,

no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.

La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,

ser argentino es estar triste, ser argentino es estar lejos.

Y no decir: mañana,

porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara

(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)

me acuerdo de una estrella en pleno campo,

me acuerdo de un amanecer de puna,

de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,

de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos

quemando un horizonte de bañados.

Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles

cubiertas de carteles peronistas, te quiero

sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,

nada más que de lejos y amargado y de noche.

Eugene O'neill - Deseo bajo los olmos (Teatro)